Sustancia vs. forma, ¿el núcleo de la elección de 2027?
Palabra más, palabra menos, el domingo pasado, en conversación con Luis Majul, el presidente de la Nación dijo que su estilo personal es el que todo el mundo conoce, y que de cara a las eleccion...
Palabra más, palabra menos, el domingo pasado, en conversación con Luis Majul, el presidente de la Nación dijo que su estilo personal es el que todo el mundo conoce, y que de cara a las elecciones presidenciales del año próximo tiene resultados para mostrar; pero si el electorado prefiere a una persona de buenos modales, arriesgando perder los logros obtenidos en materia de lucha contra la inflación, la pobreza, etc., a partir de fines de 2023, él dejará el cargo y volverá a trabajar en el sector privado, como hizo durante toda su vida antes de incursionar en el plano político.
¿Falso dilema? No tanto. Quienes observan la realidad desde la tribuna son muy afectos a combinar, por ejemplo, la inteligencia de Faustino Oro con la pinta de Brad Pitt. Como si las diferentes facetas de cada uno de los seres humanos se pudieran modelar como la masilla. Esto, que luce muy bonito en los papeles, no se verifica en las parejas, las empresas o los gobiernos.
Si yo supiera cómo se gana una elección presidencial, me volvería rico asesorando candidatos en varios países. Pero, pensando en 2027, cabe plantear la siguiente asimetría: la campaña electoral será entre la realidad que mostrará Milei, en sus entonces cuatro años de gobierno, y las promesas que plantearán los candidatos de la oposición, cuya credibilidad dependerá, entre otras cosas, de sus antecedentes.
La campaña electoral ya comenzó, porque la política vive en campaña permanente. Pero desde el punto de vista de la toma de decisiones, la hora de la verdad ocurrirá a mediados de 2027, cuando haya que inscribir las alianzas y presentar a los candidatos. ¿Sabe los “siglos” que faltan para esto, considerando los “años” que faltan de aquí a la semana que viene?
Si fuera joven, les recomendaría a los candidatos de la oposición que fueran exigentes con los economistas que se les acercan, para colaborar con ellos, pidiéndoles precisiones sobre diferentes aspectos de la realidad, para anunciarlos en la campaña electoral. Pero como no lo soy, la recomendación que les haría es diferente. Los candidatos de la oposición deberían reunirse con sus economistas de confianza para plantearles el siguiente interrogante: ¿qué haremos, a partir del 10 de diciembre de 2027 si tengo la “mala” suerte de ganar? Enorme desafío para los solteros que opinan sobre problemas matrimoniales.