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Museo Larreta: patrimonio, naturaleza y música en un jardín único de la ciudad

En pleno Belgrano, una residencia ubicada en casi Cabildo y Juramento esconde una pequeña muestra de La Alhambra. La antigua casona, sede del Museo de Arte Español Enrique Larreta, muestra por fu...

Museo Larreta: patrimonio, naturaleza y música en un jardín único de la ciudad

En pleno Belgrano, una residencia ubicada en casi Cabildo y Juramento esconde una pequeña muestra de La Alhambra. La antigua casona, sede del Museo de Arte Español Enrique Larreta, muestra por fu...

En pleno Belgrano, una residencia ubicada en casi Cabildo y Juramento esconde una pequeña muestra de La Alhambra. La antigua casona, sede del Museo de Arte Español Enrique Larreta, muestra por fuera paredes blancas, techos de tejas y ventanas enrejadas y, por dentro, un espíritu castellano que se despliega en cada sala. Detrás de la fachada andaluza aparece uno de los jardines más singulares de la ciudad, un rincón hispano morisco que sorprende incluso a quienes ya conocen el museo.

Un enamorado de España

“Este jardín no se entiende sin comprender primero a su creador”, asegura Delfina Helguera, directora del Museo Larreta. Enrique Larreta fue coleccionista, diplomático, intelectual, escritor y “un personaje bastante peculiar en su época”. La casa de Juramento no nació con él. La construyó en 1886 el arquitecto Ernesto Bunge, con líneas italianas, clásicas y criollas y, antes de llegar a la familia Anchorena, perteneció a Vicente Chas. Mercedes Castellanos de Anchorena compró la propiedad hacia fin de siglo y se la regaló a su hija Josefina cuando esta se casó con Larreta en 1901. “La suegra le regaló la propiedad y él la transformó en esta casa española”, cuenta Helguera. El escritor recién se instaló allí en 1916, después de cumplir funciones como embajador argentino en Francia entre 1910 y 1916. “Se trata de una casa de tipología española que sigue la modalidad de las casas andaluzas”. Larreta se ocupó de traer los pisos, los revestimientos y los azulejos e hizo fabricar las puertas y ventanas.

La época también explica esa elección. Tras la Primera Guerra, la mitad de la población de Buenos Aires era extranjera, “se produce este choque entre los de afuera y los que siempre habían estado acá”, señala Helguera. Surge en ese momento entre los intelectuales una pregunta compartida por Larreta, Ricardo Rojas y Manuel Gálvez: qué significaba ser argentino. “Larreta dice: nosotros venimos de España, nuestra tradición es española y esa es la identidad con la que nos sentimos más cercanos”, cuenta Helguera y agrega: “al revés que otros que encontraban su inspiración en Inglaterra o en Francia”. Mientras buena parte de la burguesía porteña miraba hacia París y construía jardines franceses, lo de Larreta “era muy raro”, comenta la directora.

Un jardín inspirado en La Alhambra

“El jardín no está firmado por nadie. No tiene un autor, es de Enrique Larreta”, afirma Helguera. En la antigua quinta que ya se encontraba en la residencia, Larreta proyectó un jardín de senderos angostos y setos de boj que enmarcan pequeños fragmentos de selva. “Aplica la tipología del jardín andaluz y se copia de La Alhambra, inspirado en el Generalife”, señala Helguera.

Jazmines, naranjos, limoneros, cedros, magnolias, nísperos y palmeras, lo propio del sur de España y del Mediterráneo, conviven con especies típicas de estas latitudes. “Se respeta la vegetación del sur de España, lo que pasa es que este clima es mucho más húmedo”, explica la directora.

En el centro del recorrido aparece la Fuente de los Sapos, de mármol y azulejos, rodeada de cipreses, un gingkos biloba, glicinas, rosales y orquídeas. La disposición responde a una lógica árabe. “Como la religión musulmana no puede reproducir la divinidad, la decoración que se ve es con motivos geométricos”, detalla Helguera. “Para ellos el jardín es igual al Edén, al paraíso, entonces es un espacio de goce, de contemplación, de relación con la divinidad.” Los jardines hispano árabes buscan la conexión con todos los sentidos, “hay una relación muy estrecha del jardín hispano árabe con esa noción primero de que es un lugar que te vas a conectar con lo trascendental”, agrega.

El jardín ocupa cerca de cinco mil metros cuadrados y está surcado por senderos que suman más de setecientos metros lineales. Los setos dividen el terreno en sectores que los propios jardineros llaman eras, donde las plantas crecen con una libertad que imita el estado silvestre. Cada rincón compromete un sentido distinto. Los colores y las sombras entretienen la vista, el perfume de las flores despierta el olfato, el murmullo del agua y el canto de los pájaros arman una banda sonora propia, y los nísperos, las naranjas y los membrillos que crecen entre los senderos también se dejan probar.

Este jardín pensado como un espacio cercado para la contemplación y la conexión con los sentidos es, más de un siglo después, el escenario de un ciclo que retoma esa misma vocación. Donde Larreta buscó una armonía entre tradiciones y especies distintas, el ciclo “El Jardín Suena” busca hoy una armonía entre géneros y sonidos distintos.

La ecología acústica

El ciclo “El Jardín Suena” nace de un concepto tomado de la ciencia, la ecología acústica, rama que estudia el comportamiento del sonido en los ecosistemas naturales y urbanos. “La ecología acústica propone la idea de que en la naturaleza los sonidos tienden a encajar unos con otros espontáneamente, como si se tratara de una composición”, explica Fer Aldao, productor de eventos y espectáculos en la Dirección General de Patrimonio, Museos y Casco Histórico del Gobierno de la Ciudad. Cada animal y cada insecto desarrolla un timbre propio, que aparece en momentos puntuales del año y a determinadas horas, con un volumen y una textura que evitan que sus llamados de apareamiento se superpongan con los de otras especies.

Ese principio de convivencia sonora es el que el ciclo traslada al jardín del museo. Allí conviven plantas muy antiguas con otras recién plantadas, especies autóctonas con foráneas, ejemplares humildes con otros más sofisticados. “En nuestro ciclo buscamos artistas cuyas propuestas se integren a la sonoridad y al silencio propio del jardín del museo”, resume Aldao.

Un set distinto cada sábado

Cada sábado a las 17 el ciclo presenta a un referente de un género y de una edad diferente, en un formato íntimo y acústico. La agenda de septiembre incluye a Sami Abadi con violín eléctrico y melodías que van del Río de la Plata al Mediterráneo oriental, a Chechi de Marcos con canciones que fusionan pop, rock y folklore, y a Clara Azul Cardozo con un repertorio íntimo de folklore.

En octubre se suman Meien Williams, Ale Franov, Barbarita Palacios, Santiago Vázquez junto a Silvina Gómez y Rodrigo González con flamenco, y en noviembre cierran Miguel Pereiro con jazz y Rocco Posca con un set de funk, pop y rock. Se accede con el valor de la entrada al museo, por orden de llegada, hasta completar la capacidad del jardín.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-jardin/museo-larreta-patrimonio-naturaleza-y-musica-en-un-jardin-unico-de-la-ciudad-nid18092026/

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