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Más tecnología y pantallas, menos atención: la nueva amenaza vial

La tecnología transformó radicalmente la manera de movernos. Los vehículos actuales incorporan herramientas que hace apenas algunos años parecían futuristas: sensores de proximidad, cámaras 3...

Más tecnología y pantallas, menos atención: la nueva amenaza vial

La tecnología transformó radicalmente la manera de movernos. Los vehículos actuales incorporan herramientas que hace apenas algunos años parecían futuristas: sensores de proximidad, cámaras 3...

La tecnología transformó radicalmente la manera de movernos. Los vehículos actuales incorporan herramientas que hace apenas algunos años parecían futuristas: sensores de proximidad, cámaras 360°, frenado automático, alertas de cambio de carril, control de estabilidad y asistentes inteligentes de conducción. No hay dudas de que estos avances ayudaron a mejorar la seguridad vial y a reducir muchos de los riesgos históricos al volante.

Sin embargo, junto con esa evolución surgió una paradoja cada vez más preocupante: mientras los vehículos son más seguros, los conductores parecen estar cada vez más distraídos.

Hoy el conductor ya no solamente maneja. También responde mensajes, escucha audios, sigue indicaciones del GPS, cambia música o interactúa con aplicaciones desde la pantalla central del vehículo. La conducción dejó de ser una acción exclusiva para transformarse en una experiencia permanentemente interrumpida por estímulos digitales.

Así, la distracción dejó de ser excepcional y pasó a formar parte de la rutina cotidiana. Conductores que frenan tarde por mirar el celular, motociclistas pendientes de aplicaciones de delivery, personas que demoran en arrancar en un semáforo porque están leyendo mensajes o peatones que cruzan la calle sin despegar la vista del teléfono y con auriculares son escenas cada vez más frecuentes.

Los datos hablan por sí solos: distintos estudios internacionales advierten que utilizar el celular mientras se conduce incrementa de manera significativa el riesgo de sufrir un accidente vial. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el uso del teléfono al volante puede cuadruplicar las posibilidades de protagonizar un siniestro. En la misma línea, la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) sostiene que apartar la vista apenas cinco segundos para mirar una pantalla, circulando a 80 km/h, equivale a recorrer más de 100 metros “a ciegas”. Incluso una distracción mínima puede resultar determinante frente a una maniobra imprevista, una frenada brusca o la aparición repentina de un peatón.

En Argentina, los datos siguen siendo alarmantes. Según cifras preliminares de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), durante 2025 se registraron más de 4.000 víctimas fatales por siniestros viales. El perfil predominante continúa siendo hombres jóvenes de entre 15 y 34 años.

En este contexto, uno de los problemas más complejos es que la tecnología también genera una falsa sensación de control. Muchos conductores sienten que el

vehículo puede “corregir” errores humanos gracias a sensores y asistencias electrónicas. Pero ningún sistema reemplaza la atención. Frente a una situación inesperada, sigue siendo la capacidad humana de anticiparse la principal herramienta para evitar un accidente.

Además, cambió la propia naturaleza del riesgo vial. Hace algunos años las causas de un choque eran más fáciles de identificar. Hoy intervienen celulares, aplicaciones, asistentes inteligentes, auriculares y múltiples estímulos simultáneos que fragmentan permanentemente la atención. Y quizás lo más preocupante sea que naturalizamos esta conducta. Naturalizamos manejar mirando una pantalla, responder mensajes mientras circulamos o perder atención durante algunos segundos creyendo que “no pasa nada”. Pero en el tránsito, unos pocos segundos alcanzan.

Por eso, el debate sobre seguridad vial necesita actualizarse. La discusión ya no pasa solamente por el exceso de velocidad, el alcohol al volante o el estado de la infraestructura. El nuevo desafío es cómo convivir con la tecnología sin resignar la atención.

En ese marco, la educación vial cumple un rol central. La formación sobre conducción responsable debería comenzar desde la escuela y sostenerse en el tiempo mediante campañas públicas de concientización que interpelen especialmente a los más jóvenes, principales usuarios de dispositivos móviles y, al mismo tiempo, uno de los grupos más afectados por los siniestros viales.

También resulta necesario fortalecer los controles y endurecer las sanciones para quienes utilizan el celular mientras conducen. En muchos casos, el riesgo social asociado a esta conducta todavía está subestimado frente a otras infracciones.

Este 10 de junio, Día Nacional de la Seguridad Vial, el desafío es comprender que la tecnología puede ayudar a salvar vidas, pero solo si el factor humano sigue ocupando el centro de la conducción.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/mas-tecnologia-y-pantallas-menos-atencion-la-nueva-amenaza-vial-nid10062026/

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