Julian Barnes decidió ser escritor el día en que escuchó a Borges en la Universidad de Oxford
En 1971, cuando tenía veinticinco años y se desempeñaba como lexicógrafo, el británico ...
En 1971, cuando tenía veinticinco años y se desempeñaba como lexicógrafo, el británico Julian Barnes -flamante Premio Princesa de Asturias de las Letras- presenció una conferencia de Jorge Luis Borges en la Universidad de Oxford, cuando se le entregó un doctorado honoris causa. En esa ocasión, decidió convertirse en escritor. “Al finalizar el encuentro, pensé: si esto es ser un escritor, vale la pena serlo”, se dijo.
En aquel entonces, Barnes trabajaba para el prestigioso Oxford English Dictionary. “Por la noche, Borges ofreció algo que no puede llamarse, exactamente, una conferencia o una lectura o un seminario, sino una suerte de audiencia papal informal –describió en un artículo publicado en 1996, a diez años de la muerte de Borges, en Clarín–. Yo ya había estado frente a otros escritores ‘a veces bastante famosos’, pero, por lo general, no me habían impresionado. Más bien, me habían parecido actores que simulaban haber escrito las palabras que estaban pronunciando”.
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Pero Borges, advirtió, “era totalmente diferente”. Barnes apuntó los efectos de esa jornada en su diario personal: “Parece una veleta entrada en años que los vientos del tiempo hicieron adelgazar”.
Borges, que según Barnes “hablaba en un inglés suave y agradable y parecía nadar en nuestra literatura” , se refirió -como solía hacerlo- a R. L. Stevenson, Samuel Coleridge, Andrew Lang, Samuel Johnson y Lord Chesterfield. “También habló de la única palabra, dijo, que ningún escritor usó o usaría, ya que su uso eclipsaría a todos sus vecinos. Era la palabra que Poe estaba buscando, y no encontraba, en ‘El cuervo’: la palabra era neverness (nunca jamás)”.
En el artículo “La señora Thatcher recuerda”, publicado en The New Yorker en 1990 e incluido en el volumen de no ficción Letters from London. 1990-1995, Barnes criticó la postura de la exprimera ministra británica en la guerra de Malvinas con una mención a Borges. “Las Malvinas, con su deprimida economía, su mínima población y su pista de aterrizaje militarmente insuficiente, no tenían ningún interés para los británicos excepto, quizás entre los filatelistas –ironizó– De ahí la caracterización de la guerra hecha dulcemente por Borges –un ‘vano intelectual’ viviendo bajo una ‘dictadura’– como ‘dos pelados peleándose por un peine’”.
De visita fugaz en Buenos Aires, en febrero de 2008 Barnes recorrió la Biblioteca Miguel Cané, donde Borges había trabajado entre 1937 y 1946, acompañado por el entonces ministro de Cultura Hernán Lombardi, y la subsecretaria de Patrimonio, la escritora Josefina Delgado. En esa ocasión dijo que lo mejor que se podía decir de un escritor era lo que habían dicho de Borges sus compañeros: “una persona rara”. Y en 2011, cuando por fin obtuvo el Premio Booker por El sentido de un final, en la cuarta nominación, declaró que ya había empezado a sentirse como Borges, a quien la Academia Sueca le negó el Nobel de Literatura.
En su ensayo “El museo y la enciclopedia: Lecturas cruzadas de Borges y Barnes”, la investigadora Leticia Moneta detectó la “filiación borgeana” de Barnes. “El Borges anglófilo es la contracara del Barnes francófilo: ambos se buscan en los resquicios del resto, de aquello que los llama desde el más allá de la frontera del propio imperio”. Los dos escritores, destaca, se sintieron imantados por el clásico póstumo, satírico e inconcluso de Gustave Flaubert: Bouvard y Pécuchet.