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Era hijo de esclavos: creó una de las canciones patrias más populares, vendió los derechos por monedas y murió en la pobreza

Después del Himno Nacional, posiblemente la canción patriótica más popular y escuchada en los actos escolares sea la “Marcha San Lorenzo”. Es, además, una melodía que trascendió las fron...

Era hijo de esclavos: creó una de las canciones patrias más populares, vendió los derechos por monedas y murió en la pobreza

Después del Himno Nacional, posiblemente la canción patriótica más popular y escuchada en los actos escolares sea la “Marcha San Lorenzo”. Es, además, una melodía que trascendió las fron...

Después del Himno Nacional, posiblemente la canción patriótica más popular y escuchada en los actos escolares sea la “Marcha San Lorenzo”. Es, además, una melodía que trascendió las fronteras del país y se ejecutó también en distintos países europeos. Se escuchó, por ejemplo, en la coronación del rey británico Jorge V, en 1911.

Lo que quizás muy pocos saben es que el compositor de esa marcha es un hombre llamado Cayetano Silva, afrodescendiente, hijo y nieto de esclavos, nacido en Uruguay pero afincado en la Argentina desde pequeño. Este apasionado por la música desde los primeros años vendió los derechos de su obra más insigne a un precio irrisorio y murió en la pobreza, con muy poco reconocimiento, a los 51 años. Actualmente, una calle en el barrio de Liniers lleva su nombre.

Silva nació en San Carlos, una localidad del departamento de Maldonado, en Uruguay, el 7 de agosto de 1868. En sus primeros años comenzó a apasionarse por la música. Aprendió los primeros conceptos con el director de la banda municipal de su pueblo, Filindo Reinaldo. Ingresó luego a ese cuerpo musical para tocar su primer instrumento, el pistón.

A la edad de los 10 años, Cayetano y su familia se mudaron a Buenos Aires, donde el niño comenzó a tomar clases de violín, demostrando tener un talento fuera de lo común para tocar ese y otros instrumentos. A los 17 años, enterado de que la banda del Regimiento 7 de Infantería necesitaba un ejecutante de corno, se puso a develar los misterios de ese instrumento y obtuvo el puesto. Poco tiempo después, se convertiría en director de esa misma banda.

En su juventud, Silva fue director de diferentes orquestas militares en distintos puntos del país. A la vez, desarrollaba su prolífico oficio de componer marchas y otros tipos de ritmos, como música para obras de teatro -una de ellas fue Canillita, de Florencio Sánchez- y hasta un tango, que llamó “Más vale tarde que nunca”.

Nace la “Marcha San Lorenzo”

En 1898 se instaló en Venado Tuerto, Santa Fe, donde abrió un Centro Lírico para Obreros y fue maestro de primeras letras y música en la Sociedad Italiana. Fue allí donde, en el año 1901, compuso la marcha que trascendería su vida.

El nombre de esta joya musical patriótica, que hoy se reconoce apenas suenan los primeros acordes, tiene una curiosa historia. Originalmente, no se llamó así. Silva dedicó esa obra al coronel Pablo Richieri, que era el ministro de Guerra del gobierno del general Julio Argentino Roca.

Pero este ministro, recordado por haber impuesto en el país el Servicio Militar Obligatorio, no quiso aceptar que la composición llevara su nombre. Quizás fue demasiado para su pudor castrense. Entonces decidió bautizarla “San Lorenzo”, en honor al pueblo santafesino donde había nacido. Precisamente, la localidad donde el 3 de febrero de 1813 se desarrolló la batalla donde el general San Martín venció a las tropas realistas.

En rigor, la obra originalmente se llamó “Marcha San Lorenzo”, aunque luego se popularizara con la preposición “de”, para que pasara a ser la “Marcha de San Lorenzo”.

Si bien al momento de su creación el compositor nacido en Uruguay ejecutó en violín su flamante pieza frente a su mujer y sus hijos, fue en 1902 en que sus acordes se escucharon por primera vez en público. Sucedió en la inauguración de un monumento a San Martín en la ciudad de Santa Fe. Presentes en el lugar estaban el propio Richieri -destinatario de la obra- y el general Roca, presidente del país.

La letra de la marcha

Contrariamente a lo que se cree esta marcha nació únicamente como pieza musical. La letra, con su célebre comienzo del “febo asoma”, llegó unos años después. Fue en 1907 cuando el educador y poeta mendocino Carlos Benielli le puso los inmarcesibles versos a la obra de Silva.

Según cuenta el sitio de la municipalidad de San Lorenzo ambos, compositor y letrista, se conocieron en Venado Tuerto. Allí surgió esa alquimia entre melodía y lírica que todavía conmueve. La que cuenta, en forma de canción, la gesta de los granaderos en aquella contienda contra el enemigo español y la hazaña de Cabral, “soldado heroico”, que brindó su vida, “cubriéndose de gloria”, para salvar la de su general.

Más allá de su origen en tierras santafesinas, de alguna manera la marcha trascendió las fronteras y llegó a escucharse en otras partes del mundo. La tradición dice que bandas de distintos países en pugna la ejecutaron durante la Segunda Guerra Mundial. Se dice que los alemanes ingresaron con ella en París en 1940 y que lo mismo hicieron las tropas aliadas cuando recuperaron la ciudad luz en 1944. De todas formas, no hay documentación fehaciente de que esto haya ocurrido así.

Lo que sí es seguro, es que “La marcha San Lorenzo” se escuchó en 1911, cuando en Gran Bretaña se celebraba la coronación de su nuevo rey, Jorge V. La composición de Silva también se oyó durante mucho tiempo -hasta la Guerra de Malvinas- en las cambios de guardia del Palacio de Buckingham, también en Londres.

En el libro Argentinos de origen africano, Marcos de Estrada cuenta que uno de los testigos que, en 1964, se conmovió al detectar estos acordes en esta ceremonia fue Jorge Luis Borges: “Con asombro y emoción el eminente hombre de letras oyó la ejecución de la Marcha de San Lorenzo en el momento de llevarse a cabo el reemplazo del servicio de custodia real”, escribió Estrada.

Luego, el mismo autor cita a María Esther Vázquez, que estaba con el escritor ese día, que dice: “Borges se estremeció y comenzó a decir, casi a los gritos los primeros versos de nuestra marcha patriótica: ‘Febo asoma, María Esther, febo asoma’, en un rapto emotivo”.

Un final en la pobreza y el olvido

Pero este éxtasis que sintió el genial escritor no tuvo nada que ver con los últimos años en la vida de Cayetano Silva. Al contrario. Señala el mismo Estrada que al compositor “la extrema pobreza lo estrechó dolorosamente”.

El músico tampoco tenía mucha noción de lo que valdría su -hoy- popular pieza ya que vendió los derechos de autor en 1911 a una casa editora porteña a un precio mucho menor del que tendría un tiempo después. Algunas fuentes señalan que entregó su obra por 50 pesos moneda nacional, mientras que otras hablan de 200 pesos. En ambos casos, una cifra poco considerable.

El asunto fue que la situación económica del compositor venía cuesta abajo. Para colmo, ya radicado en Rosario, le habían prometido que le darían el puesto de director de la banda municipal. Pero algo sucedió y Silva nunca recibió ese cargo. Los historiadores señalan que esa última desilusión -que era profesional pero también económica- terminó de devastarlo anímicamente.

Abel Pintos - Marcha De San Lorenzo (Video Oficial)Un legado inmortal

El compositor de la marcha de San Lorenzo falleció en Rosario el 12 de enero de 1920. Tenía 51 años. Según dice el investigador Daniel Schávelzon en su libro Buenos Aires negra, a Cayetano Silva, que supo tocar en la banda de la policía rosarina, le negaron la sepultura en el Panteón Policial del cementerio local por el hecho de ser negro. Fue sepultado, sin nombre, en otro lugar del camposanto.

En 1997, los restos del músico fueron trasladados al Cementerio Municipal de Venado Tuerto. En esta localidad, el compositor tiene también una estatua en su honor y en la casa en la que vivió hoy se encuentra el Museo y Archivo Histórico Cayetano Alberto Silva, donde se preserva la biografía y la obra del creador.

En la ciudad de Buenos Aires, un decreto municipal de 1945 determinó que se pusiera el nombre de Cayetano A. Silva a una calle, más bien un pasaje, de dos cuadras que se encuentra en el barrio de Liniers y une las avenidas Emilio Castro con la General Paz.

Como una paradoja que muchas veces se da entre el artista y su obra, Cayetano Silva murió en la pobreza y el olvido, pero su legado es inmortal.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/era-hijo-de-esclavos-creo-una-de-las-canciones-patrias-mas-populares-vendio-los-derechos-por-monedas-nid05082026/

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