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El imperio digital que amenaza a Hollywood

Durante la última década los grandes estudios de cine enfocaron sus esfuerzos en una batalla que al final terminó cambiando de escenario. Crearon sus propias plataformas (Disney+, Paramount+) a ...

El imperio digital que amenaza a Hollywood

Durante la última década los grandes estudios de cine enfocaron sus esfuerzos en una batalla que al final terminó cambiando de escenario. Crearon sus propias plataformas (Disney+, Paramount+) a ...

Durante la última década los grandes estudios de cine enfocaron sus esfuerzos en una batalla que al final terminó cambiando de escenario. Crearon sus propias plataformas (Disney+, Paramount+) a costa de pérdidas millonarias que, en casos como el de Disney, superaron los US$11.400 millones acumulados desde su lanzamiento con el principal objetivo de competir con Netflix. Sin embargo, tras años de reestructuraciones financieras, despidos y un público cada vez más exigente con sus suscripciones mensuales, la industria entendió que el streaming había dejado de ser una amenaza para convertirse en un aliado necesario para distribuir sus producciones, a la vez que el verdadero oponente que en silencio transformaba el negocio del entretenimiento era YouTube.

La gran ventaja de la plataforma de Google es que crece sin arriesgar fortunas propias del negocio clásico. Mientras un estudio de Hollywood necesita grandes estrellas, lidiar con sindicatos, pagar seguros y gastar unos US$200 millones en una sola película que puede fracasar en tres días, YouTube recibe 500 horas de video nuevo por minuto. El costo de ese contenido no lo paga Alphabet (la casa matriz de Google); está a cargo de los millones de creadores independientes que lo asumen, en muchos casos, a cambio de una participación en los ingresos publicitarios. Es un enorme catálogo que se actualiza solo, no genera deudas y retiene a la gente por más tiempo que cualquier otra forma de entretenimiento.

El sello de calidad que crece ante el avance de la IA

La escala de este modelo ya superó al cine y al streaming tradicional juntos, modificando la distribución de la torta publicitaria mundial. Según los últimos balances corporativos de Alphabet, YouTube consolidó su posición como el principal motor audiovisual del mundo al superar los US$67.000 millones en ingresos anuales sumando publicidad y abonos premium. Esta cifra deja atrás los US$51.100 millones que registra Netflix en el mismo período, de acuerdo con su última carta a los accionistas presentada ante la SEC. Además, el viejo supuesto de que la plataforma es un espacio de consumo en el celular de pavadas de baja calidad pasó a la historia de la mano de una nueva tendencia que indica que el público ya mira YouTube a través de los televisores inteligentes, es decir como si fuera TV normal.

De acuerdo con el informe The Gauge de la consultora Nielsen, YouTube alcanzó un hito histórico al sumar el 15,8% de la cuota total de visualización directamente de las pantallas de los televisores conectados, duplicando el 7,7% de Netflix. Entonces, ya no se trata de un consumo casual, ahora la gente también mira YouTube en formato largo y alta definición cómodamente sentada en el sillón de su casa. Consumen programas sobre política o negocios, documentales de investigación y análisis cinematográficos que compiten con la televisión tradicional. El cambio es tan notable que la plataforma registró un crecimiento del 9% en su audiencia mayor de 50 años, un sector que históricamente pertenecía a la “vieja guardia” televisiva.

Para Hollywood, esto es un golpe cultural y económico, teniendo en cuenta que el negocio funcionaba gracias al control de lo que veíamos, con un espectador pagando una entrada o una suscripción por contenido de calidad difícil de conseguir y de producir. YouTube rompió esa barrera democratizando el acceso a herramientas avanzadas de edición y distribución. Hoy, los jóvenes no sienten ninguna fidelidad por los logos históricos de los estudios de cine ni por las cadenas que marcaron el siglo XX; su lealtad está con las personalidades y los creadores independientes. Mientras una productora o estudio tarda capaz dos años en aprobar una serie basada en focus groups, el sistema de Google se mueve a una velocidad inalcanzable para las corporaciones. El impacto en la atención diaria es total, ya que de acuerdo con las mediciones globales de la consultora Digital i, el tiempo de uso diario promedio por cuenta en YouTube se disparó a los 99,1 minutos, superando de manera oficial los 93,4 minutos que promedia Netflix.

Cuando la controversia es negocioCuando la controversia es negocio

Cuando la controversia es negocio

Esta realidad modificó también el papel de la crítica tradicional y las campañas de prensa. Las distribuidoras ya casi no dependen de los sitios de espectáculos ni de sus críticos para promocionar un estreno. Ese análisis “especializado” se sustituyó por los videos de cualquier creador que comenta películas o series capturando el debate y la conversación digital. La magnitud financiera de este ecosistema es tan grande que, según sus propios informes corporativos, YouTube desembolsó más de US$100.000 millones entre sus creadores en los últimos cuatro años a través de su programa de monetización.

Ante esta erosión de los ingresos tradicionales, la tregua en la denominada “guerra del streaming” llegó por pura necesidad de supervivencia, generando fusiones impensadas. El ejemplo más contundente de este año es la histórica compra de Warner Bros. Discovery a manos de Paramount Skydance en una operación monumental de US$110.000 millones. Presionada por caídas del 22% en sus ingresos publicitarios en TV tras perder derechos clave como la NBA, Warner se había visto forzada antes de su adquisición a abandonar la exclusividad y compartir contenidos con rivales. Esta estrategia de licencias cruzadas salvó el negocio, dándole a HBO Max una ganancia de US$512 millones, sin los cuales la compañía habría cerrado el trimestre con pérdidas “catastróficas”.

El nacimiento del nuevo conglomerado refleja que el verdadero enemigo ya no es Netflix, sino la imbatible pantalla de Google. De hecho, los planes premium de YouTube, incluyendo la música, ya suman 125 millones de abonados que pagan por ver sin publicidad. Si a estos se le suman los más de 2700 millones que miran la plataforma gratis cada mes, el tiempo de atención que absorbe Google es simplemente inalcanzable para cualquier estudio tradicional.

De esta forma, los estudios de cine ya no compiten entre ellos ni contra los nuevos jugadores del streaming; compiten contra el mayor archivo de la expresión humana jamás creado, una maquinaria de distribución perfecta que crece gratis a cada segundo y que ya conquistó de forma definitiva la pantalla principal hogareña.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/negocios/el-imperio-digital-que-amenaza-a-hollywood-nid06112026/

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