El desarme de Hezbollah, el otro gran obstáculo para la paz en Medio Oriente
BARCELONA.– Las negociaciones entre Washington y Teherán se están revelando especialmente largas y complejas. Según se ha filtrado, habría ya un marco pactado que se basa en la reapertura del...
BARCELONA.– Las negociaciones entre Washington y Teherán se están revelando especialmente largas y complejas. Según se ha filtrado, habría ya un marco pactado que se basa en la reapertura del estrecho de Ormuz en una primera fase, y deja para después la discusión de la cuestión nuclear, el asunto más espinoso. Pero hay otro gran escollo, el Líbano, y más concretamente Hezbollah, la milicia chiita creada en los años 80 con el apoyo directo de Teherán.
En el Líbano, las armas nunca han callado desde noviembre de 2024, a pesar de la firma de un alto el fuego. El acuerdo, en teoría, ponía fin a un par de meses de guerra entre Israel y Hezbollah derivada del conflicto en Gaza y preveía el desarme de Hezbollah, sobre todo al sur del río Litani. A cambio, Israel se comprometía a retirarse de la franja del sur del Líbano que había ocupado durante esas semanas de combate.
Sin embargo, la posguerra nunca llegó a merecer tal nombre. Desde entonces, durante unos 20 meses y casi a diario, Israel ha bombardeado el Líbano. Aunque el Ejército israelí asegura que sus objetivos son posiciones o intereses de Hezbollah, se han producido numerosas víctimas civiles. Washington, teórico garante de aquel acuerdo de tregua, no ha impuesto a Israel ningún castigo. Como tampoco lo ha hecho por sus también reiteradas violaciones de la tregua en Gaza. Por ejemplo, en la Franja todavía no entra el volumen de ayuda humanitaria pactada.
La justificación israelí de sus bombardeos ha sido que el Ejército libanés no cumplió tampoco su parte del trato. Es decir, llevar a cabo el desarme de Hezbollah y recuperar el control del sur del país. Desde Beirut, alegan que durante las semanas posteriores a la tregua sí hubo progresos y se expulsó a los militantes de Hezbollah de varias de sus posiciones en el sur, pero que Israel nunca les dio tiempo de seguir su trabajo. La primera ruptura del alto el fuego se produjo pasados unos pocos días.
Desde entonces, el desarme de Hezbollah se ha convertido en el eje central de la política libanesa, y también de las relaciones del país de los cedros con Estados Unidos. El proyecto de convertir al Ejército libanés en el único grupo armado del país no es nuevo: los acuerdos de paz de Taif que en 1991 pusieron fin a la guerra civil ya recogían el desarme de todas las milicias. Y todas fueron desarmadas, excepto Hezbollah, que era socio de Siria, que tras la conflagración pasó a gobernar el Líbano como si se tratara de un protectorado.
En 2006, con las tropas sirias ya fuera del Líbano, hubo otra guerra entre Israel y Hezbollah que terminó con un acuerdo que incluía el desarme de la milicia chiita. Esta cláusula nunca se llegó a aplicar por varias razones. En primer lugar, porque Hezbollah era más poderoso que el Ejército libanés y se temía que un intento de desarme por la fuerza provocaría una nueva guerra civil. De hecho, la milicia chiita así lo advertía públicamente.
Además, el gobierno libanés ni siquiera apoyaba la idea. Uno de los principales líderes cristianos, Michel Aoun, selló un pacto con Hezbollah para poder llegar a ser presidente del país. Aoun gobernó hasta 2022, y hasta esa fecha, Hezbollah logró tener un peso determinante en el gobierno libanés.
Menos sustentoTodo cambió en 2024, sobre todo a raíz de la decisión de Hezbollah de entrar en guerra contra Israel en apoyo de los palestinos de Gaza. Su apuesta suscitó un rechazo mayoritario de la sociedad libanesa, sobre todo la comunidad cristiana. La milicia pro-iraní emergió del conflicto muy debilitada, no solo militar sino también políticamente. Por primera vez, se hallaba aislada y solo podía contar con el respaldo de la comunidad chiita. Ninguna facción relevante entre cristianos, sunnitas o drusos los apoya.
Bajo este nuevo contexto, el año pasado Joseph Aoun –nada que ver con su predecesor, solo el apellido– fue elegido nuevo presidente del país con el apoyo de Washington. Por primera vez, un gobierno libanés se comprometía verdaeramente con el desarme de Hezbollah. Y por primera vez, ese objetivo atesoraba un amplio consenso entre la sociedad libanesa. Ahora bien, el principal obstáculo para aplicarlo no había desaparecido: el riesgo de una guerra civil en caso de llevarlo a cabo por la fuerza.
Este detalle no parece ser del interés de Tel Aviv o de Washington, que exigen un proceso de desarme acelerado para que no se repita el mismo escenario que en 2006. El Líbano y su gobierno están en posición de gran debilidad, con un país devastado por la guerra y tras sufrir la peor crisis económica de la historia reciente en el mundo. El país necesita fondos, y Washington pone como condición el desarme de Hezbollah.
Israel también ejerce presión con la retirada de su Ejército como palanca. Se niega a ejecutarlo si antes no se desarma a su denostado enemigo. El problema es que el gobierno libanés solo podría tener suficiente legitimidad a ojos de la comunidad chiita para emprender el desarme si demuestra que puede garantizar el cumplimiento de los acuerdos e Israel abandona el sur del país.
El timing de una retirada y la falta de confianza dificultan el éxito de las recientes conversaciones de paz entre los gobiernos israelí y libanés en Washington. Ante la sociedad libanesa, Hezbollah argumenta que sería suicida desarmarse habida cuenta del comportamiento expansionista de Israel en los últimos años. Y para sostener sus tesis señalan a Siria, donde no hay ninguna amenaza para el Estado hebreo, pero su Ejército ocupa una franja del sur del país desde el año pasado y se niega a retirarse.
Este es el endiablado contexto en el que se mueven las negociaciones entre Estados Unidos e Irán. Teherán insiste en que el Líbano debe formar parte de un acuerdo global de paz, pero podría ser solo una estrategia para lograr concesiones en otros apartados de la negociación.
¿Sostendrá Irán a Hezbollah hasta el final? Si lo hace, ¿está Trump en disposición de obligar a Israel a dejar de atacar Líbano y retirarse del sur del país? El futuro del Líbano es una de las grandes dudas del tenso momento que vive Medio Oriente.