Del campo conectado a la agroindustria inteligente: el desafío de convertir tecnología en productividad
La Argentina vuelve a poner en marcha su maquinaria productiva. Con el inicio de la campaña agrícola 2026/27 y la siembra de cultivos de invierno, especialmente trigo y cebada, el sector mira con...
La Argentina vuelve a poner en marcha su maquinaria productiva. Con el inicio de la campaña agrícola 2026/27 y la siembra de cultivos de invierno, especialmente trigo y cebada, el sector mira con expectativa las condiciones climáticas. La llegada de un año Niño, que suele asociarse con lluvias superiores a la media en buena parte de las regiones productivas, plantea un escenario favorable para la actividad.
Pero el clima es solo una parte de la ecuación. Para el agro, el desafío pasa cada vez más por transformar ese potencial en resultados concretos: producir más y mejor, con mayor eficiencia, sustentabilidad y capacidad para responder a las exigencias de consumidores, industrias, cadenas de alimentos y mercados internacionales.
En ese proceso, la tecnología dejó de ser una herramienta complementaria para convertirse en uno de los factores que pueden definir la competitividad de la agroindustria. La discusión ya no pasa solamente por cuánto se produce, sino también por la calidad, la trazabilidad, el uso eficiente de los recursos y la capacidad de tomar decisiones a partir de información precisa.
La transformación digital, sin embargo, no ocurre de un día para otro. Es un proceso gradual, en el que cada incorporación tecnológica debe responder a una necesidad concreta. Y, sobre todo, requiere que las personas estén en el centro.
Una empresa puede incorporar software, sensores, plataformas, inteligencia artificial o dispositivos conectados, pero ninguna de esas herramientas garantiza por sí sola una mejora en los resultados. La transformación se consolida cuando los equipos cuentan con capacitación, información confiable y soluciones que efectivamente mejoran su manera de trabajar.
La conectividad como punto de partidaPara que ese ecosistema funcione, hay una condición previa: estar conectado.
Tanto en un campo como en una planta industrial o un puerto, contar con conectividad es el primer paso para poder capturar y utilizar información. A partir de allí, sensores, drones, imágenes satelitales y estaciones meteorológicas permiten generar grandes volúmenes de datos que, procesados adecuadamente, se convierten en información útil para tomar decisiones.
Ese camino abre la puerta a herramientas cada vez más presentes en la actividad agroindustrial: agricultura de precisión, inteligencia artificial, Internet de las Cosas (IoT), automatización y robótica. También permite fortalecer la trazabilidad y acompañar modelos productivos que buscan reducir el impacto ambiental y avanzar hacia esquemas más sustentables y regenerativos.
La diferencia está en la capacidad de actuar a tiempo. Detectar una anomalía antes de que se convierta en un problema, anticipar condiciones climáticas, reducir pérdidas o mejorar el uso de insumos son decisiones que pueden tener un impacto directo en la productividad y los costos.
Cuando conectividad, datos y capacitación funcionan de manera integrada, la digitalización deja de ser un proyecto aislado para convertirse progresivamente en parte de la cultura de una organización.
El debate que atraviesa al agroEstos desafíos fueron parte de la agenda del Congreso Aapresid, uno de los principales encuentros de innovación y conocimiento vinculados con la agroindustria, que reúne a productores, técnicos, investigadores, empresas y referentes de toda la cadena.
En ese ámbito, Personal Tech, socio tecnológico para la evolución digital de empresas y organismos públicos, participó del panel “La transformación digital como insumo para la cadena agroindustrial”, una conversación centrada en las necesidades concretas de los distintos actores del sector.
El encuentro puso el foco en cómo la conectividad y las herramientas digitales pueden acompañar los desafíos cotidianos de productores y empresas, y en la importancia de que la tecnología se adapte a las necesidades reales de quienes la utilizan.
Del panel participaron Tomás Liceda Rosasco, gerente de Agroindustria de Personal Tech; Leandro Jonas, de Cargill; y Patricia Tognetti, de Bayer.
La participación de la compañía en el Congreso Aapresid se inscribe en una agenda más amplia sobre el papel que pueden asumir los socios tecnológicos en la evolución digital del agro, especialmente en un sector que combina grandes extensiones territoriales, operaciones críticas y una creciente necesidad de información en tiempo real.
Tecnología con un objetivo concretoPara productores, cooperativas e industrias alimenticias, el desafío no consiste simplemente en sumar tecnología. La pregunta más relevante es qué problema se busca resolver y qué resultado se espera obtener.
Conectividad robusta en zonas rurales, servicios de comunicación para operaciones críticas, plataformas para gestionar datos, soluciones de ciberseguridad e integración de dispositivos IoT pueden contribuir a mejorar procesos productivos, logísticos y comerciales.
Pero incorporar una solución tecnológica no significa necesariamente implementarla de manera efectiva. Una herramienta que no responde a una necesidad concreta puede terminar convirtiéndose en un costo adicional.
Por eso, el diagnóstico previo adquiere una importancia central. Antes de invertir, es necesario identificar cuáles son los procesos que necesitan mejorar, qué indicadores se quieren modificar y qué resultados permitirían medir el éxito de la implementación.
Ese análisis tampoco debería recaer exclusivamente en quien compra. La relación entre empresas y proveedores tecnológicos requiere cada vez más un trabajo conjunto para entender el problema, diseñar la solución adecuada y acompañar su implementación.
Una oportunidad para la ArgentinaLa agroindustria vuelve a enfrentar una oportunidad relevante. A su capacidad productiva y a las condiciones naturales que favorecen su desarrollo se suma ahora la posibilidad de utilizar tecnología para cerrar parte de la brecha entre potencial y resultados.
En un escenario global donde los mercados demandan mayor eficiencia, trazabilidad y sustentabilidad, la digitalización puede ser mucho más que una herramienta para reducir costos. Puede convertirse en una vía para mejorar la competitividad y generar nuevas oportunidades para toda la cadena de valor.
La tecnología, aplicada con criterio y una estrategia definida, puede ayudar a que el campo argentino no solo produzca más, sino que también produzca mejor.
El desafío, en definitiva, no es tecnológico. Es transformar conectividad y datos en decisiones, y esas decisiones en productividad, sustentabilidad y crecimiento.